Anécdotas de Ramón Cortés Conde; nuestro primer capitán.

>>>  "El triste fallecimiento de Cortés Conde".

Ramón Cortés Conde   

Ramón Cortés Conde

(1896 - 1946)

Ramón Cortés Conde, fue un romántico idealista, que ingresó muy joven por vocación, escalando los distintos grados por sus propios méritos en la Policía Federal.

Poeta, historiador, periodista, fue designado el 25 de agosto de 1933, por el entonces jefe de la repartición, coronel Luis Jorge García, para redactar la "Historia de la Policía de Buenos Aires".

Cortés Conde perteneció a esa fuerza del orden, que lucía entonces con orgullo el nombre de "la mejor del mundo ". Tenía muchas inquietudes literarias, artísticas. Fundó la revista "Magazine Policial", que se editó hasta su muerte durante veinticinco años y una audición radial (Ronda Policial) que permaneció quince años en el aire, eminentemente didáctica y educativa, así como "Acontecimientos", especie de noticiero mundial; "Acuarelas de Antaño"; "Vidas luminosas"; "Vidas abnegadas"; "Vidas extraordinarias". Escribió también "Compendio de Policía"; "Ética Policial"; "Teoría Policial"; y otras obras denominadas "Como nos roban"; "Grandes Crímenes"; "Historia negra de la prostitución"; "El submundo de la droga"; "Mercaderes del ensueño y de la muerte"; "Los cuentos del tío"; "La Semana Trágica" ( enero de 1919 ); "Memorias de un detective"; y "Senderos de gloria ".

Fue un gran idealista. Pregonó siempre que la policía no tenía que reprimir los delitos, sino prevenirlos. Con su prédica educativa y ejemplar y más aún, con su ayuda personal apartó a muchas personas del delito. Llegó post-mortem al último grado de Comisario General. Su nombre fue dado a una aula de la Escuela Superior " Ramón L. Falcón " de Rosario y José María Moreno.

"Cortés Conde, ese comisario de lujo que tiene la policía", decía de él, "aquel famoso periodista y orador que fue don José de Soiza Raylly!... "; "Cortés Conde, el comisario de los niños"... le llamaban los diarios, ya que volcó en ellos toda su protección y cariño.

Cuando fue titular de la seccional 18 de San Juan y Entre Rios, los niños de la barriada estaban invitados todos los sábados y en el patio grande de la comisaría, les hacía ir payasos, ventrílocuos; en un cuadrilátero presenciar espectáculos de box, teatro vocacional... Indudablemente otros tiempos... y él, quería que desde niño se les tuviera confianza, que no se temiera a la policía...

Desde su juventud hasta su madurez se dio con inteligencia y generosidad a la obra de Don Bosco. Éste, había penetrado en su alma. Desde 1915 hasta su muerte, siempre fue salesiano, alegre y apostólicamente.

Fue justamente en el año 1915, cuando se fundaba en Almagro un pequeño cuerpo de exploradores de Don Bosco, con el fin de sustraer de la calle y del laicismo a muchos niños de la capital. Fundado el primer batallón en el oratorio de San Francisco de Sales, ofreció sus servicios al director Padre Vespignani (arquitecto de la Basílica de San Carlos y Smo. Sacramento).

Este lo recibió como a un enviado del cielo, nombrándolo jefe de ese primer batallón. De entonces a su muerte, quedó vinculado como uno de los mayores propulsores.

Eran conocidas sus innumerables anécdotas. El hecho de que jamás usara el arma, por ejemplo. El llevar una bala con oro, sobre lo que contestó a una interrogación con aquella su eterna sonrisa: "La llevó, porque si un día fuese a disparar, pensaría que si valor tiene esa bala, mucho más la vida de aquel a quien fuera dirigida ".

Llegado a cada seccional donde le tocó actuar, les pedía a los dueños de los baldíos que en ella había, el permiso de poder usarlos temporariamente. Reunía a los niños de la zona y los nombraba "encargados" de los mismos. Ellos tendrían la responsabilidad de mantenerlos limpios y cuidados. Allí trabajaban con entusiasmo armando su "campo de deportes" y jugaban cuanto querían, libres de los peligros de la calle. Allí acumulan también astillas y maderas para celebrar las fogatas de las noches de San Juan y los muñecos de San Pedro y San Pablo... y en las puertas de la parroquia, esperaban las Nochebuenas después de la misa de Gallo, la carroza, donde sus ojos asombrados veían llegar los Reyes Magos que les repartían juguetes y golosinas. Quizá alguien recuerde aún las Nochebuenas de Barracas, la Boca, Palermo o las Evocaciones de antaño de las que hablaron los diarios, hechas en el Pilar, San Telmo, Santo Domingo y el Viejo Palermo. Calles, casas, vecinos y comercios con ropas y adornos se trasladaban al 1840, mientras pasaban " serenos con chuzo y farol, con los cánticos característicos, carros de aguateros, negras vendiendo empanadas y rasgueo de guitarras por los altoparlantes". Era una forma de hacer amar la historia, que quizá no estaba tan corrupta como ahora. ¡Cuántas páginas se llenarían con sus anécdotas, con todas ellas, ese hombre inolvidable, con alma de niño grande, rebelde, liberal, verdadero seguidor de Cristo, muchas veces dibujó sonrisas emocionadas en el rostro severo de Dios!.

Pocos meses después de su muerte, se encontró en la primer página de uno de sus libros, las siguientes frases: " Hablaré a los míos en la lenguaje de las estrellas; mi espíritu busca elevarse galopando en ese ideal de superación humana. Cuando a mi muerte alguien evoque el recuerdo de mi persona, mire al cielo en las noches estrelladas y a través de las titilaciones de las estrellas luminosas recuerde que le está hablando mi espíritu en el idioma enigmático de los cielos. La inquietud dinámica que siempre dominó mi espíritu andariego, soñador, de perfiles diartagnescos, así lo espera ".

Acababa de cumplir los 50 años cuando la muerte lo arrebató en dos días. La injusticia, las envidias, el torbellino de esos momentos de cambios políticos que vivía el país, ayudaron. Fue llorado con el alma. Dieciocho oradores, muchos improvisados hablaron en su sepelio con lágrimas en los ojos, poniendo de manifiesto sus bellas cualidades que lo caracterizaban, sobre todo su gran sentido humano y su infinita bondad.

En su tumba había una placa escrita por alguien como inspirada por él: "Cuando naciste, todo el mundo reía mientras tú llorabas. Viviste de forma que a tu muerte todos lloraban mientras tú sonreías"...

Y era verdad, en su rostro había dibujada una sonrisa y, el mechón blanco en su pelo negro, parecía luz que se escapaba de su mente incapaz de guardar tanta...

*** Agradecemos a Sonia Cortés Conde.

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